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El Teatro Gran Rex y la historia de una sala que transformó la avenida Corrientes

Teatros y salas
24 de octubre de 2026 · 9 min de lectura
Historia del Teatro Gran Rex de Buenos Aires, su inauguración en 1937, su arquitectura y los artistas que marcaron su trayectoria en la avenida Corrientes.
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Inaugurado en 1937, nació como un gran cine en una Buenos Aires que cambiaba de escala. Su arquitectura, las presentaciones de Valeria Lynch, las temporadas de Sandro, los recitales de Soda Stereo y los espectáculos surgidos de la televisión explican su lugar en la vida cultural porteña.

El Teatro Gran Rex reúne dos historias que avanzan juntas desde hace casi nueve décadas. Una pertenece a la arquitectura, porque su construcción introdujo una manera diferente de pensar las grandes salas de espectáculos. La otra está hecha de películas, conciertos y temporadas teatrales que convocaron a públicos de distintas generaciones. En avenida Corrientes 857, su fachada vidriada y su amplio vestíbulo todavía expresan aquella voluntad de abrir el edificio hacia la ciudad.

Una sala para la Buenos Aires que se modernizaba

El proyecto del Gran Rex comenzó en 1936, mientras se completaba el ensanche de la avenida Corrientes. La transformación de la antigua calle en una arteria más amplia modificaba el paisaje del centro y ofrecía un marco para nuevos edificios dedicados al entretenimiento.

La firma Cordero, Cavallo y Lautaret S.A. encargó el proyecto al arquitecto Alberto Prebisch y al ingeniero civil Adolfo T. Moret. Prebisch había diseñado el Obelisco, inaugurado en 1936. Con el Gran Rex, su intervención sobre la fisonomía del centro porteño se extendió a un edificio pensado para recibir a miles de espectadores.

La iniciativa empresarial quedó vinculada desde sus comienzos con la familia Cordero. Su ubicación frente al Teatro Ópera, cuya nueva sala también formaba parte de la renovación de Corrientes, convirtió a esa cuadra en un punto de concentración de grandes espacios de exhibición y espectáculo.

La inauguración del 8 de julio de 1937

El Gran Rex abrió sus puertas el 8 de julio de 1937, después de una construcción que la historia institucional del teatro sitúa en apenas siete meses.

La apertura tuvo al cine como protagonista. Los invitados vieron Los enredos de una dama, con Jean Harlow, William Powell, Myrna Loy y Spencer Tracy. La crónica de La Nación publicada el día anterior anunciaba la inauguración de una sala cuya escala acompañaba la transformación de la avenida.

Ese origen cinematográfico es fundamental para comprender el edificio. Antes de quedar asociado a largas temporadas de recitales y musicales, el Gran Rex fue una gran sala de proyección, concebida para hacer de la salida al cine un acontecimiento.

Una arquitectura que cambió la forma de mirar

La fachada sintetiza la propuesta de Prebisch y Moret. Un plano de travertino sin pulir, una gran superficie transparente y una marquesina horizontal construyen su imagen mediante pocos elementos. El vidrio permite ver el vestíbulo desde la vereda y establece una continuidad visual entre la circulación de la avenida y el movimiento del público.

El programa Moderna Buenos Aires, de la Sociedad Central de Arquitectos, destaca esa relación entre sencillez formal y audacia estructural. Las escaleras, los planos suspendidos y la amplitud del acceso forman parte de la experiencia del edificio desde el momento de entrar.

La disposición de la sala también respondió a un problema concreto. Para aprovechar el terreno entre medianeras y mejorar las visuales, el auditorio se ubicó ligeramente girado respecto del frente.

La Comisión Nacional de Monumentos distingue el lenguaje racionalista del vestíbulo de la influencia del art déco estadounidense en el interior de la sala. Allí, la sucesión de superficies abovedadas remite al Radio City Music Hall de Nueva York y cumple funciones tanto visuales como acústicas.

Los espectadores se distribuyen en tres niveles, platea, primer balcón y segundo balcón. Esa organización permite comprender la escala del proyecto y la importancia que tuvieron las circulaciones y las visuales en su diseño.

Mucho más que una pantalla

La visita al Gran Rex podía prolongarse más allá de la película. El complejo incorporó una confitería distribuida en tres niveles, juegos de bowling, mesas de billar y estacionamiento subterráneo para alrededor de 200 automóviles.

Según la historia publicada por el teatro, un sistema de altoparlantes en el vestíbulo permitía solicitar los vehículos. Aquellos servicios muestran hasta qué punto el proyecto integraba distintas formas de ocio dentro de un mismo edificio.

Durante sus primeras décadas, la exhibición cinematográfica dominó su actividad. Con el tiempo, la sala amplió su perfil hacia recitales, espectáculos infantiles, ballet y producciones teatrales. Esa transformación fue progresiva y ya tenía expresiones importantes durante los años ochenta.

Historia del Teatro Gran Rex de Buenos Aires, su arquitectura y los artistas que marcaron su trayectoria en la avenida Corrientes.

Valeria Lynch y una relación sostenida con el Gran Rex

Valeria Lynch forma parte de esa historia musical. El Archivo Histórico de Radio y Televisión Argentina conserva un registro de Energía, fechado en 1989, en el que la cantante presenta en el Gran Rex su disco homónimo.

Aquel espectáculo combinaba canciones, participación del público y recursos teatrales. La apertura incluía un número de ilusionismo del que Lynch surgía para interpretar Dinamita y fuego. El repertorio reunía temas como Ámame en cámara lenta, Piensa en mí, A cualquier precio y El día que me quieras.

El registro permite reconocer una etapa en la que el teatro ya recibía producciones musicales que integraban interpretación vocal, puesta en escena y despliegue técnico.

Su vínculo con la sala continuó en las décadas siguientes. En 2011 presentó La máxima, mientras que el 14 y el 15 de diciembre de 2018 regresó con versiones de sus canciones llevadas al rock. Esas propuestas incorporaron distintas etapas de su repertorio a la historia del Gran Rex y acompañaron sus búsquedas artísticas a lo largo del tiempo.

Soda Stereo y una temporada decisiva para el rock

En 1991, Soda Stereo realizó 14 funciones en el Gran Rex durante la etapa de Canción animal. La historia oficial del grupo señala que la demanda impulsó la ampliación de las presentaciones, que reunieron a unos 46.000 espectadores.

Para Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti, aquella serie permitió desplegar una producción de gran escala dentro de una sala teatral. Los registros de esos conciertos también quedaron asociados a Rex Mix, editado en 1991.

El nombre del teatro pasó así a formar parte de la discografía de una de las bandas centrales del rock argentino. La sucesión de funciones mostró, además, la capacidad de una sala con butacas para alojar un fenómeno de convocatoria masiva mediante una temporada prolongada.

Sandro y un vínculo que marcó al teatro

Sandro construyó una relación especialmente intensa con el Gran Rex. En 1993 presentó 30 años de magia y realizó 18 funciones. Sus regresos consolidaron una modalidad de temporadas extensas, sostenidas por un público que volvía a encontrarse con él en la misma sala.

La dimensión teatral de sus recitales encontraba allí un espacio adecuado. Las canciones, los movimientos, el vestuario y el intercambio con sus seguidoras componían espectáculos que excedían la interpretación de un repertorio.

La permanencia de ese vínculo también quedó en la memoria de quienes trabajan en el edificio. Una recorrida periodística publicada en 2023 registró que el personal seguía llamando “camarín de Sandro” al espacio cercano al escenario que utilizaba el cantante.

Las generaciones que llegaron desde la televisión

El Gran Rex también se convirtió en un escenario habitual para espectáculos nacidos en la pantalla. Chiquititas, con Romina Yan, Rebelde Way, Floricienta y Casi ángeles integraron esa historia, especialmente ligada a las producciones de Cris Morena.

Canciones y personajes conocidos por televisión adquirían otra dimensión mediante coreografías, escenografías y el encuentro presencial con sus seguidores. Para muchos chicos y adolescentes, esas funciones representaron sus primeras experiencias como espectadores de una gran producción teatral.

A ese recorrido se sumó Violetta, que en 2013 realizó 60 funciones con localidades agotadas. La sala volvió a funcionar como punto de encuentro entre un fenómeno televisivo y sus seguidores.

Historia del Teatro Gran Rex de Buenos Aires, su arquitectura y los artistas que marcaron su trayectoria en la avenida Corrientes.

Un monumento histórico que mantiene su actividad

En 2011, el edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional mediante el Decreto 837. La medida reconoció su valor dentro del patrimonio cultural argentino y lo incorporó a una declaración que también comprendió otras salas históricas del país.

La protección patrimonial alcanza a un edificio que conserva su función como espacio de espectáculos. Esa convivencia entre preservación y uso permite comprender al Gran Rex como una obra arquitectónica que continúa formando parte de la vida cotidiana de Corrientes.

Su historia también involucra el trabajo de quienes sostienen cada función. Personal de sala, boletería, mantenimiento, limpieza y equipos técnicos participa de una actividad que requiere preparar el edificio para producciones de características muy diferentes.

Las grandes producciones de una nueva etapa

En 2023, Casados con hijos y Matilda volvieron a colocar al teatro en el centro de la cartelera comercial.

La adaptación teatral de Casados con hijos se estrenó el 5 de enero, con Guillermo Francella, Florencia Peña, Luisana Lopilato, Darío Lopilato, Marcelo De Bellis y Jorgelina Aruzzi. La llegada de los personajes de la familia Argento y sus vecinos prolongó la relación del teatro con los éxitos surgidos de la televisión.

Durante el mismo año, Matilda llevó al escenario una producción musical de gran despliegue. Ambas temporadas mostraron la capacidad de convocatoria de la sala para propuestas teatrales destinadas a públicos diferentes.

En 2026, el Gran Rex cumplió 89 años desde su inauguración. Su información institucional señala una capacidad de 3.262 espectadores, distribuidos en tres niveles, y mantiene su actividad como escenario de conciertos y espectáculos.

Los momentos que marcaron su recorrido

  • 1936. Alberto Prebisch y Adolfo T. Moret proyectaron el edificio para la firma Cordero, Cavallo y Lautaret S.A., en el contexto del ensanche de Corrientes.
  • 1937. El 8 de julio se inauguró el Gran Rex, con una programación inicialmente centrada en el cine.
  • 1989. El registro de Energía, de Valeria Lynch, documenta la presencia de grandes producciones musicales en la sala durante los años ochenta.
  • 1991. Soda Stereo realizó 14 funciones durante la etapa de Canción animal.
  • 1993. Sandro presentó 30 años de magia, con 18 funciones.
  • 2011. El edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional. Ese año, Valeria Lynch presentó La máxima.
  • 2013. Violetta realizó una temporada de 60 funciones con localidades agotadas.
  • 2018. Valeria Lynch regresó con versiones de su repertorio llevadas al rock.
  • 2023. Casados con hijos y Matilda protagonizaron dos temporadas de gran convocatoria.
  • 2026. El teatro cumplió 89 años desde su apertura.

Información útil

  • Dirección: avenida Corrientes 857, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
  • Correo electrónico de contacto: info@teatro-granrex.com.ar.
  • Boletería: lunes a sábados, de 10 a 19. Domingos y feriados, cerrada.
  • Compra de entradas: en la boletería del teatro y a través de TuEntrada, su ticketera oficial.
  • Instagram oficial: @teatro_granrex.
  • Cómo llegar en subte: línea B, estación Carlos Pellegrini; línea C, estación Diagonal Norte; línea D, estación 9 de Julio.

Desde aquella primera proyección de 1937 hasta las producciones contemporáneas, la historia del Gran Rex permite seguir los cambios del entretenimiento porteño. El cine, las temporadas musicales y los fenómenos surgidos de la televisión encontraron lugar en una misma sala. Su permanencia sobre Corrientes conserva esa relación entre un edificio pensado para la modernidad y los públicos que, generación tras generación, le dieron nuevos usos.